La revista Veintitrés publica en su edición de hoy, un anticipo del libro "Las aventuras de Perón en la tierra" que, calculamos, entre el viernes y el fin de semana se podrá encontrar en las librerías de todo el país.Luciano di Vito y Jorge Bernárdez recopilan en este libro con prólogo de Felipe Pigna varias anécdotas –algunas conocidas y otras inéditas– que pintan de cuerpo entero al personaje político argentino más importante del siglo XX.
Santamaría y su amigo observaron que el general, cuando salía a caminar, solía llevar caramelos para los pibes del barrio así que una tarde salieron de la casa para saludar al “viejo”, como le decía la militancia en esos días. Los dos adolescentes se enfrentaron al general que los saludó y que les dio un caramelo a cada uno. Sin embargo, ese no fue el final de la anécdota, porque el general, de repente puso tono serio.
–Pibes, ¿ustedes cuántos años tienen?
–Quince –contestaron.
–Ustedes están más para ir a tomar whisky en la esquina que para pedir caramelos –Y se sonrió con aquella sonrisa gardeliana.
Esa tarde, en un estudio de audio de un canal de televisión, un actor nos abrió una ventana nueva desde la cual ver a Perón.
Roberto Galán me lo contó y lo recuerdo como si fuera hoy, cuenta el doctor Juan Enrique Romero. Perón llamó al hermano por teléfono. Se deben haber encontrado, y le debe haber preguntado “¿Qué querés? ¿Una embajada?” Y el comisario del territorio del Neuquén le dijo que quería ser director del Zoológico, “porque me interesan los animales”.
El general habló alguna vez acerca de aquel nombramiento:
“Lo nombré enseguida ad honorem. Se puso a estudiar el tema, hizo una clasificación rigurosa, separó a los felinos, analizó las costumbres y las características de cada especie. No sé qué pasó, pero entre los animales estaba maravillosamente bien. Empezaron a parir en cautiverio; los leones, los tigres y hasta el hipopótamo tuvieron crías.
“A mí me gustaba verlo entrar a la jaula del gorila: había allí un gorila negro y grandote, que se dejaba tocar por él y se convirtió en su amigo. Esa fue la única vez que los Perón tuvimos un amigo Gorila”.
Andrés López hablaba casi sin parar sobre sus recuerdos acerca del general hasta que se hizo un hueco y entonces pudimos preguntarle si guardaba algún recuerdo especial del general. A López, entonces, se le iluminó la mirada:
“Un día viene Perón y me dice: ‘Le voy a dar un consejo López. Cuando vaya al baño a tirarse un pedo oprima el botón pero hágalo justo en el momento en que se lo tira’.
Roberto Alifano dice haber sido amanuense de Borges, guarda de sus años de amistad con el escritor un anecdotario inagotable.
“Fui a hacerle un reportaje una tarde y cuando terminamos me pidió que volviera al otro día para ayudarlo a corregir unos poemas. Yo le leía lo que él había escrito y él corregía. Se volvió una costumbre y me transformé en su partenaire, por decirlo de alguna manera. Daba charlas y yo era el que lo acompañaba. Fue una época muy productiva y lucrativa. Borges realmente odiaba a Perón y yo que lo había tratado le decía que se hubieran llevado bien. Eran dos viejos criollos bastante ladinos que se hubieran entendido entre ellos. Cuando se lo decía, Borges apenas atinaba a decir:
–¿A usted le parece, Alifano?
Una tarde, en mil novecientos setenta y tres, fuimos a comer a Pedemonte y cuando salíamos del restaurante nos topamos con una manifestación de las tantas que había en esa época, alguien lo reconoció y se vinieron encima. Borges aterrorizado se aferró a mi brazo. Cuando prestamos atención resultó que esa masa de jóvenes peronistas lejos de agredirlo lo estaba aplaudiendo y el cantito era BORGES Y PERÓN/UN SOLO CORAZÓN. Entonces escucho que Borges me dice bajito al oído:
–No son tan hostiles.
–¿Vio que no? –le contesté
El General Perón le respondió:
–Hay un 25% de radicales, un 2% de conservadores, un 15% de socialistas y un 10% de comunistas.
–¿Y los peronistas? –preguntó sorprendido el periodista.
–Ah, no, m’hijo, peronistas son todos.
Juan Domingo Perón.
Una tarde, en el canal 7, el actor Carlos Santamaría nos contó que él había conocido a Perón. El futuro actor tenía quince años, era 1973, y estudiaba en la casa de un compañero de la secundaria que estaba ubicada en la calle Gaspar Campos. Perón vivía en aquella casa que había sido conseguida por Héctor J. Cámpora. Las imágenes de la época muestran que la calle se encontraba atestada de curiosos, militantes, policías, custodios de distinta procedencia; en fin, una multitud a la que el general en algún momento tuvo que hacer callar saliendo al balcón en pijama.
Santamaría y su amigo observaron que el general, cuando salía a caminar, solía llevar caramelos para los pibes del barrio así que una tarde salieron de la casa para saludar al “viejo”, como le decía la militancia en esos días. Los dos adolescentes se enfrentaron al general que los saludó y que les dio un caramelo a cada uno. Sin embargo, ese no fue el final de la anécdota, porque el general, de repente puso tono serio.
–Pibes, ¿ustedes cuántos años tienen?
–Quince –contestaron.
–Ustedes están más para ir a tomar whisky en la esquina que para pedir caramelos –Y se sonrió con aquella sonrisa gardeliana.
Esa tarde, en un estudio de audio de un canal de televisión, un actor nos abrió una ventana nueva desde la cual ver a Perón.
Compañero Gorila
Roberto Galán me lo contó y lo recuerdo como si fuera hoy, cuenta el doctor Juan Enrique Romero. Perón llamó al hermano por teléfono. Se deben haber encontrado, y le debe haber preguntado “¿Qué querés? ¿Una embajada?” Y el comisario del territorio del Neuquén le dijo que quería ser director del Zoológico, “porque me interesan los animales”.
El general habló alguna vez acerca de aquel nombramiento:
“Lo nombré enseguida ad honorem. Se puso a estudiar el tema, hizo una clasificación rigurosa, separó a los felinos, analizó las costumbres y las características de cada especie. No sé qué pasó, pero entre los animales estaba maravillosamente bien. Empezaron a parir en cautiverio; los leones, los tigres y hasta el hipopótamo tuvieron crías.
“A mí me gustaba verlo entrar a la jaula del gorila: había allí un gorila negro y grandote, que se dejaba tocar por él y se convirtió en su amigo. Esa fue la única vez que los Perón tuvimos un amigo Gorila”.
Consejo
Andrés López hablaba casi sin parar sobre sus recuerdos acerca del general hasta que se hizo un hueco y entonces pudimos preguntarle si guardaba algún recuerdo especial del general. A López, entonces, se le iluminó la mirada:
“Un día viene Perón y me dice: ‘Le voy a dar un consejo López. Cuando vaya al baño a tirarse un pedo oprima el botón pero hágalo justo en el momento en que se lo tira’.
Desde el año 1957, en que recibí ese consejo, que lo hago. Creanmeló, hasta el día de hoy lo hago”.
Borges y Perón
Roberto Alifano dice haber sido amanuense de Borges, guarda de sus años de amistad con el escritor un anecdotario inagotable.
“Fui a hacerle un reportaje una tarde y cuando terminamos me pidió que volviera al otro día para ayudarlo a corregir unos poemas. Yo le leía lo que él había escrito y él corregía. Se volvió una costumbre y me transformé en su partenaire, por decirlo de alguna manera. Daba charlas y yo era el que lo acompañaba. Fue una época muy productiva y lucrativa. Borges realmente odiaba a Perón y yo que lo había tratado le decía que se hubieran llevado bien. Eran dos viejos criollos bastante ladinos que se hubieran entendido entre ellos. Cuando se lo decía, Borges apenas atinaba a decir:
–¿A usted le parece, Alifano?
Una tarde, en mil novecientos setenta y tres, fuimos a comer a Pedemonte y cuando salíamos del restaurante nos topamos con una manifestación de las tantas que había en esa época, alguien lo reconoció y se vinieron encima. Borges aterrorizado se aferró a mi brazo. Cuando prestamos atención resultó que esa masa de jóvenes peronistas lejos de agredirlo lo estaba aplaudiendo y el cantito era BORGES Y PERÓN/UN SOLO CORAZÓN. Entonces escucho que Borges me dice bajito al oído:
–No son tan hostiles.
–¿Vio que no? –le contesté
* * *
Un periodista español quiso conocer la conformación del electorado argentino.
El General Perón le respondió:
–Hay un 25% de radicales, un 2% de conservadores, un 15% de socialistas y un 10% de comunistas.
–¿Y los peronistas? –preguntó sorprendido el periodista.
–Ah, no, m’hijo, peronistas son todos.
* * *
“Yo era muy amigo del rabino Blum, un joven con barba, muy simpático. Recuerdo que el rabino llegó casi al mismo tiempo que el primado de la Iglesia católica, monseñor Copello. Estaban los dos esperándome en la antesala. Como una deferencia hacia ambos, salí de mi despacho para saber quién iba a entrar primero. El cardenal dijo: ‘Yo he llegado después’ (porque realmente tenía la audiencia más tarde). Entonces yo corté por lo sano y dije: ‘Que pase primero el Antiguo Testamento y que después pase el Nuevo.’”
Juan Domingo Perón.
1 comentarios:
Muy buenas anécdotas ¿que diría Perón de los que ahora dicen ser peronistas? ¿que diría de los "imberbes estúpidos" que hoy son millonarios "militantes"?. Me gusta Perón, lamentáblemente el peronísmo murió el 1 de julio del '74, se lo llevó él.
Suerte con el libro!!!
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